David Cano

Autores: David Cano y Diego Mendoza

Dos son los principales argumentos a la hora de implantar un enfoque “rentabilidad por dividendo” (RPD) en una cartera de acciones cotizadas. El primero es el más obvio: priorizar la certeza1 de un ingreso periódico frente a una potencial mayor revalorización. El segundo es que las compañías con alta RPD tienden a sufrir un menor riesgo de mercado2. Por sendos motivos, el criterio RDP sigue siendo válido, sobre todo para horizontes temporales a largo plazo, y más aún si la RPD es “alta y estable”. La intención de este artículo es analizar la evolución histórica de una estrategia de este tipo y concretar a qué nos referimos por “estable”, con un ejemplo concreto.