Fondos soberanos: de la banca tradicional a la inteligencia artificial

Javier Capapé, PhD

    Los fondos soberanos son buenos representantes del grupo de inversores institucionales que sostienen el capitalismo, tal y como lo conocemos hoy en día. Los fondos soberanos gestionan ya 7,4 billones de dólares. Es decir, acumulan activos por un valor equivalente al PIB de Rusia y Alemania juntos, o lo que es lo mismo, cuatro veces el PIB español medido en paridad de poder adquisitivo. Su influencia en los mercados bursátiles globales es innegable. Se calcula que poseen en media el 9% de todas las acciones cotizadas del planeta. Sin embargo, a pesar de su tamaño y su influencia, aún sabemos poco sobre este peculiar grupo de inversores.

    La definición de qué es un fondo soberano ha costado muchos años. Se trata de un grupo inversor bastante joven, cuyos límites todavía se están consolidando. Hasta 2005, no existía ni siquiera el término fondo soberano (“sovereign wealth fund” en inglés). Fue el economista Andrew Rozanov quien acuñó el término, para aglutinar bajo un solo concepto a este grupo inversor heterogéneo y joven: el 70% de los cerca de 100 fondos soberanos en activo ha sido establecido después del año 2000.

    Una de las definiciones que proponemos es relativamente amplia, para reconocer el carácter cambiante de este grupo inversor: son fondos soberanos aquellos fondos de inversión en propiedad de los gobiernos, que sin obligación de pagar pensiones, desarrollan una estrategia de inversión de largo plazo. Un elemento clave de la definición es el de distinguir a los fondos soberanos de los fondos de pensiones. Los fondos soberanos, por definición, están exentos del pasivo que supone la obligación con los pensionistas que caracteriza a los fondos públicos de pensiones. Esta ausencia de obligaciones con terceros tiene repercusiones claras en la política de inversión, que no debe atender necesidades de liquidez periódicas para hacer esos pagos de pensiones ni otros. Además, la consideración de inversores de largo plazo permite distinguir a los fondos soberanos de los fondos de private equity con horizontes de inversión definidos; y de los hedge funds, muchas veces fondos oportunistas.

    Los fondos soberanos tienen una característica fundamental que también recoge la definición: son propiedad de los estados. A veces se trata de gobiernos sub-nacionales: es el caso de los fondos de Alaska en Estados Unidos o de Dubái o Abu Dabi en los Emiratos Árabes Unidos. En cualquier caso, la consideración de un vehículo financiero público tiene implicaciones directas en la estrategia de inversión y también en la reacción de los países receptores. Desde hace ya una década, los fondos soberanos son sujetos de controversias en múltiples operaciones realizadas fuera de sus fronteras. Esta involucración de los gobiernos para desarrollar el llamado capitalismo de estado, es algo característico de los fondos soberanos. Las decisiones se toman por criterios financieros y económicos, pero no están exentas de la influencia estatal. Y esta influencia será mayor cuanto mayor sea el control que tienen los miembros del gobierno en los órganos de decisión de los fondos soberanos. En fin, los fondos soberanos son buenos representantes del capitalismo de estado que domina economías tan importantes como China, Rusia, Singapur, Arabia Saudí o Corea del Sur.

    De hecho, una de las características más importantes de los fondos soberanos es que se trata de una historia de países en desarrollo (“developing” de acuerdo con la clasificación de Naciones Unidas) más que de economías desarrolladas. Si tomamos como referencia el grupo de países ricos miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, descubrimos que solo Australia y Noruega poseen fondos soberanos en el top 20 de fondos por activos bajo gestión. Es cierto que Noruega es la excepción que confirma la regla. No solo porque Noruega es un país europeo y rico sino porque posee el mayor fondo soberano del mundo, con activos que rozan ya el billón de dólares, y además es una referencia en gobernanza, transparencia, inversión responsable y actividad accionarial. En fin, Noruega es un jugador clave de la industria, pero dominada por países en desarrollo.

    China, Arabia Saudita, Kuwait, Singapur y Emiratos Árabes Unidos, son los países que dominan el listado de los fondos soberanos más grandes del planeta. De hecho, el 82% de los activos de esta particular clase de inversores públicos está en países en desarrollo o economías en transición. Detrás de Noruega, aparece el gigante China Investment Corporation, creado hace tan solo 10 años y con activos valorados en 814.000 millones de dólares. Este gigante chino ha invertido en múltiples sectores y su evolución inversora refleja bien una tendencia que se aplica al total de la industria de fondos soberanos y muestra bien la evolución de la industria.

    En diciembre de 2007, CIC invirtió 5.000 millones de dólares para hacerse con el 10% de Morgan Stanley. La inversión fue un desastre financiero que recibió múltiples críticas por parte de diversos estamentos públicos chinos, que no entendían el rescate de un sector tan estratégico del rival económico principal del gigante asiático. En aquellos meses, los fondos soberanos llegaron a invertir 56.000 millones de dólares en el sistema financiero occidental: Barclays, Citigroup, Credit Suisse o UBS recibieron la inversión multimillonaria de fondos soberanos de Singapur, China, Kuwait, Catar o Emiratos Árabes Unidos.

    Durante la década siguiente hasta nuestros días, los fondos han dejado más espacio para las inversiones en sectores alternativos: infraestructuras, inmobiliario o incluso venture capital, han recibido la inversión masiva de estos gigantes de la inversión. Los fondos invierten ya el 30% de sus activos en mercados no cotizados, frente al 12% de 2007. En el mismo periodo, la renta fija ha pasado de tener un peso de casi el 41% al 28% en esta misma década.

    Con mercados cotizados volátiles y con el recuerdo de la crisis bursátil que siguió al crack de Lehman Brothers, los fondos soberanos se han entregado a la inversión en mercados no cotizados. La adquisición de activos energéticos y de infraestructuras clave como puertos (Melbourne), aeropuertos (Heathrow) o gestión de aguas (Thames Water); o de inmuebles (Canary Wharf o el icónico Hotel Plaza) y hasta venture capital (el fondo saudí es el principal inversor del mayor fondo de venture capital jamás levantado: 93.000 millones de dólares dedicados a invertir en sectores tecnológicos como inteligencia artificial o robótica.

    En resumen, los fondos soberanos, que se dieron a conocer entrando en el capital de grandes grupos financieros cotizados han dado la vuelta a sus estrategias de inversión y ya dominan en sectores que requieren una sofisticación mucho mayor como la tecnología, el mercado inmobiliario (hotelero, logístico, comercial), infraestructuras (habitualmente en consorcio con grandes fondos privados y fondos de pensiones públicos) o en empresas de reciente creación (los fondos soberanos de Singapur, Temasek y GIC, se cuentan entre los fondos más importantes de la industria del venture capital).

    Su influencia es innegable y no parece que vaya a disminuir en los años venideros, a pesar de la caída de los precios del petróleo. Su participación como inversores responsables de largo plazo tendrá proyección en temas tan variados y sustanciales de las finanzas del siglo XXI como la industria del venture capital y el private equity, la llamada economía verde, la puesta en marcha de los objetivos de desarrollo sostenible, o la mejora en materia de gobierno corporativo.

    *Este artículo fue publicado originalmente en inglés en IE Insights: https://www.ie.edu/corporate-relations/insights/sovereign-wealth-funds-from-traditional-banking-to-artificial-intelligence/

    Autor:

    Javier Capapé, PhD is an Economist and the Director of the Sovereign Wealth Lab by IE Business School. He is Consultant at the United Nations Environment Program. Since 2012, he is SovereigNET Research Affiliate at The Fletcher School (Tufts University) and Co-Editor of the Sovereign Wealth Funds Reports series. He has published in top academic journals and his research has been regularly cited in international media (Financial Times, Economist Intelligence Unit, Reuters, etc.). Also, he works connecting SWFs with tech-based startups, real estate projects (mainly hotels), and fund managers.

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