Soberanos y coronavirus: mitigación, adaptación y oportunidad

Javier Capapé, PhD

    Autor: Javier Capapé, PhD

    Soberanos y coronavirus: mitigación, adaptación y oportunidad

    Los fondos soberanos viven una época de extraordinaria actividad. Hoy en día hay 94 fondos soberanos en el mundo. En total, gestionan 8,4 billones de dólares. Esto es, los fondos soberanos gestionan activos por un valor mayor que la industria de los hedge funds y de private equity, juntas. Su influencia en los mercados cotizados y en muchas industrias alternativas globales (inmobiliario, capital riesgo o el venture capital) está fuera de toda duda. Además, en los últimos 12 años, desde la anterior crisis global, los fondos no han dejado de tomar posiciones cada vez más arriesgadas, cada vez más profesionales, cada vez más influyentes.

    Los fondos soberanos son fondos de inversión de largo plazo controlados directa o indirectamente por el gobierno de los países. Ya sean las familias reales de los países del Golfo o el gobierno de turno con muy diversos grados de calidad democrática (desde Turquía a Nueva Zelanda, pasando por Nigeria o Panamá), quienes controlan los fondos saben que sus inversiones responden a dos grandes lógicas: servir de colchón financiero en momentos de estrés macroeconómico (ya sea fiscal o monetario) y de instrumento de legitimidad de largo plazo (promoción de la diversificación económica, gestión de recursos naturales, ahorro intergeneracional, influencia geopolítica, etc.)

    Desde el Sovereign Wealth Research de IE University, seguimos desde hace ya 12 años la actividad de los fondos. Desde hace 8 elaboramos un informe de análisis junto a ICEX-Invest in Spain. La crisis económica que vivimos en el mundo, causada por el coronavirus, ataca a los dos objetivos principales de los fondos soberanos. Aquellos que han acumulado suficientes recursos, mediante reglas fiscales bien diseñadas, pueden acudir hoy a la caja del fondo para paliar los estragos de la crisis en sus economías domésticas. Pero otros fondos se plantean dilemas distintos: diseñados para ahorrar a largo plazo y con estrictas políticas de inversión, durante estos meses de enorme necesidad, se replantean los objetivos de los fondos y amplían los límites de actuación.

    Antes de analizar las (re)acciones concretas que algunos de los fondos más importantes del mundo están desarrollando desde el mes de marzo, y de evaluar el impacto en sus economías, es importante resaltar otra crisis gemela que la pandemia ha desplazado de las portadas en los países no productores. El precio del petróleo y del gas natural ha experimentado un hundimiento aceleradísimo y profundo provocado por la ruptura de las negociaciones entre Rusia y la OPEP para responder a los efectos del coronavirus. El enorme exceso acumulado de oferta, provocado por una demanda dubitativa en las economías desarrolladas y en China, y la entrada en el mercado petrolero del shale gas estadounidense, se hizo aún más pesado cuando los países cerraron sus economías y el mundo se puso en cuarentena (en algunas zonas continúan y en otras vuelven).

    La ausencia de recortes en producción ha abocado al déficit público a muchas economías productoras, entre las que destacan las de Oriente Medio: Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Catar o Bahréin. El polo geográfico de riqueza soberana más importante del mundo -concentra 15 fondos soberanos con activos bajo gestión por encima de los 3 billones de dólares- depende del oro negro. Sus cuentas públicas anuales se fijan en función del precio del crudo. Solo Catar, el emirato más rico del mundo, es capaz de cuadrar sus cuentas con precios del barril por debajo de 40 dólares. El resto, necesita precios muy, muy superiores. Irak y Kuwait podrían cuadrar cuentas con el barril en 60 dólares, mientras, el nuevo primer ministro de Irak -segundo país productor de la OPEC y cuarto del mundo- ha decidido cortar los salarios públicos y Kuwait espera un déficit que podría llegar al 40% del PIB. En el entorno de los 75 dólares están países como Arabia Saudita y EAU. Otros, como Argelia e Irán, simplemente no esperan acudir ya al crudo para sanear sus cuentas pues necesitan precios, respectivamente, por encima de los 150 el país norteafricano y de 350 dólares en el caso de la república islámica persa.

    Pues, la situación es extremadamente delicada para aquellos países que se enfrentan a una crisis doble: la crisis sanitaria que conlleva shocks de oferta y demanda casi simultáneos y la crisis de petróleo que sacude su principal fuente de recursos.

    El 60% de la riqueza gestionada por fondos soberanos se nutre de la venta de hidrocarburos. Pero existe otro 40%, gestionada principalmente por países del Este y Sudeste Asiático (China, Singapur, Corea del Sur) junto a Australia y Nueva Zelanda, que no tienen vinculación con el petróleo. Este grupo de países sufre en casa el impacto económico del covid-19 y el confinamiento, además de verse afectados por la caída del turismo, las cadenas de valor y el comercio globales.

    Los fondos están reaccionando y algunos de ellos han llegado con los deberes hechos a la crisis, con tasas de liquidez en sus carteras en máximos. En media, los fondos distribuyen así sus activos: 28% en renta fija o activos líquidos, un 47% en renta variable cotizada y el 25% restante en activos alternativos no cotizados. En los últimos cinco años la renta variable ha descendido en favor de los activos alternativos, mientras la renta fija permanecía estable. Cabe mencionar que los fondos son muy distintos entre sí, por lo que el valor de los promedios puede no ser significativo. Sin embargo, a pesar de algunos escándalos en los últimos años, la mejora en reputación y visibilidad es muy importante. Esto dota a los fondos de una credibilidad mayor en su actuación, tanto doméstica (muy importante como veremos a continuación) como internacional.

    ¿Cómo responden los fondos soberanos a la crisis del covid-19?

    La respuesta de los fondos soberanos se podría clasificar en tres estrategias: mitigación, adaptación y oportunidad (un lenguaje que resultará familiar a aquellos habituados a la sostenibilidad). En el primer apartado, aquellas inversiones y acciones dedicadas a amortiguar el impacto económico de la pandemia, podemos encontrar un bloque de fondos (Irlanda, Nigeria, Irán o Alaska) que han contribuido directamente con recursos a la creación de mecanismos de ayuda directa a empresas domésticas (de cualquier tamaño) afectadas por el virus. Además, fondos de países como Singapur, EAU o Malasia, tienen en sus balances participaciones significativas en las aerolíneas nacionales y están acudiendo a su rescate en forma de préstamos, capital y garantías.

    Otros fondos están buscando adaptarse. En este apartado destacan las numerosas inversiones de los fondos soberanos en biotecnología. El 50% de las inversiones de fondos soberanos en 2020 en venture capital se ha dedicado a este subsector: empresas de reciente creación en plena búsqueda de la vacuna, soluciones a los sistemas de información sanitarios o de inteligencia artificial aplicada (destacan los fondos de Singapur, Temasek y GIC, acompañados de Mubadala o QIA). En otros casos (Rusia o Abu Dabi) los fondos soberanos (RDIF y Mubadala, respectivamente) lideran consorcios internacionales para la producción de máscaras protectoras, respiradores o equipamiento médico. Esta tendencia de inversión en biotecnología ya había sido importante, el 20% de sus inversiones en startups entre 2014 y 2019, ya estaban dirigidas a este importante subsector, que se está demostrando crucial.

    Por último, la oportunidad. Con los mercados cotizados en mínimos y algunas industrias, muy importantes y estables, severamente dañadas, la entrada de los fondos soberanos era cuestión de tiempo. En la anterior crisis económica, los fondos invirtieron casi 60.000 millones de dólares en el sector financiero occidental. El rescate de Barclays, Citigroup, UBS, Merrill Lynch o Morgan Stanley llevaba el sello, entre otros, de Abu Dhabi Investment Authority, China Investment Corporation, Temasek y Qatar Investment Authority.

    Entonces, fue el sector financiero el principal dañado en bolsa y en libros. Hoy, la pandemia lastra las actividades de contacto: restauración, hoteles, viajes, entretenimiento, sufren las consecuencias de la distancia social y el riesgo de contagio. Empresas como Cirque du Soleil han cerrado tras años de exitosas giras mundiales e innovación, y otras muchas han visto desplomarse sus valoraciones. Si la demanda cambiará temporal o permanentemente es una cuestión clave que aún no conocemos. Si la oferta se podrá adaptar es cuestión incierta. Tampoco en 2008 había claridad sobre la viabilidad de la banca de inversión o el futuro mismo del capitalismo.

    Por eso, cuando el Public Investment Fund (PIF) -el renovado y agresivo fondo soberano saudí- abrió las portadas de los periódicos, en los meses de abril y mayo de este año, con sus inversiones en los sectores más afectados, recordamos aquellos años de compras agresivas que realizó Qatar Holding (QIA) en busca de activos trofeo, considerando el valor de largo plazo de empresas e industrias que demostraron resiliencia. Las inversiones de PIF son una demostración de la capacidad de estabilización contra-cíclica que pueden jugar estos fondos de largo plazo en mercados dañados.

    PIF ha invertido cientos de millones en empresas como Carnival (la empresa líder mundial de cruceros), Live Nation (una empresa cotizada de conciertos que en 2019 canalizó 98 millones de entradas a sus shows en todo el mundo con ingresos de 11.500 millones de dólares) o Newcastle FC (equipo inglés de la Premier League, cuya operación se fraguó antes de la pandemia). Además, haciendo gala de inversor de largo plazo que confía en su propio negociado (y renunciando a diversificación), PIF entró en el capital de cinco de las empresas más importantes de petróleo del mundo (con el riesgo inherente al sector hidrocarburos en el corto y largo plazo). En un contexto muy complicado en su economía doméstica, PIF está encargado de liderar la transformación y modernización económica del país. Sin embargo, PIF no ha querido dejar pasar la oportunidad de conseguir cuotas de visibilidad y posicionamiento. Ha sido posible, entre otras cosas, porque PIF ha ejecutado dos operaciones que le han dotado de casi 100.000 millones de dólares de liquidez: la salida a bolsa de Aramco y la reciente venta de su participación en SABIC.

    Este canal de oportunidad, sin embargo, se resiente por la necesidad de mitigar y adaptarse. La crisis en casa ha hecho que no veamos las cifras, de momento, que sí vimos en los meses de la crisis financiera global hace doce años. Es un momento clave para los fondos de largo plazo. Parte de la adaptación puede pasar por la inversión en sectores que puedan verse impulsados en esta nueva normalidad. Así, los fondos se han posicionado en empresas que proveen de infraestructura de información digital (Cellnex es un ejemplo claro, con participación de ADIA y GIC), que suponen soluciones al teletrabajo (Slack está participada por Temasek) o que soportan el consumo electrónico (como los gigantes de la logística Logicor, adquirido por China Investment Corporation y Prologis, en alianza con NBIM, el fondo noruego). Otros están invirtiendo en la biotecnología del futuro (más allá del covid-19), y en tratamientos y soluciones para el envejecimiento de las sociedades o el crecimiento de las clases medias en otras partes del mundo. La adaptación en el medio plazo hacia formas más eficientes de movilidad, de vida urbana y de energía también reciben la atención de los fondos.

    En total, las tres estrategias (mitigación, adaptación y oportunidad) han supuesto desembolsos superiores a los 70.000 millones de dólares desde marzo. Más allá de la visión habitual de los fondos soberanos como helicópteros globales de liquidez, aquellos que han sabido dotarse de una gobernanza fuerte y reglas claras, han servido y servirán como un muy necesario instrumento que amortigua el impacto de las crisis, ayuda a adaptar la economía y explora las oportunidades de futuro. Ojalá estas lecciones de ahorro y responsabilidad se consoliden y logren mejorar la vida de tantas personas.

    Autor: Javier Capapé

    Javier Capapé, es el Director del programa de investigación en Fondos Soberanos del Centro de Gobernanza del Cambio de IE University, además de Profesor Asociado de la misma universidad, donde imparte Economía Pública y Organización Industrial. Doctor por ESADE y la Universidad de Illinois (EE.UU.), Capapé ha sido Consultor para Naciones Unidas sobre Fondos Soberanos y Cambio Climático. Desde 2012, es Investigador Asociado de SovereigNET, el grupo de expertos en fondos soberanos de Fletcher School de la Universidad de Tufts (Boston, EE.UU.) Además, es Editor de la serie de informes sobre Fondos Soberanos, una iniciativa promovida junto a ICEX-Invest in Spain. Ha publicado en revistas académicas de prestigio como la Academy of Management Perspectives o en Oxford University Press. Su investigación centrada en fondos soberanos, gobierno corporativo o geopolítica, es citada regularmente en medios internacionales como Financial Times, The Economist, Wall Street Journal o Reuters.

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