¿Fondos de pensiones al rescate?

Diego valero

    Autor: Diego Valero

    ¿Fondos de pensiones al rescate?

    La sostenibilidad será uno de los impulsores de la salida de la crisis económica que estamos viviendo a causa de la pandemia. Y los fondos de pensiones, que son el principal inversor institucional del mundo, deberán liderar otra forma de invertir, donde primará la preocupación por el entorno y por cómo se hacen las cosas, apoyando el financiamiento de la transición a una economía verde. Así, considerar criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) es imprescindible para garantizar la sostenibilidad de las inversiones en el largo plazo.

    Tengamos claro que no hablamos de altruismo, hablamos de gestión de riesgos. Es decir, no se trata de sacrificar rentabilidad por realizar determinadas inversiones, todo lo contrario, se trata de obtener rentabilidades sostenibles más elevadas por incorporar a la gestión de riesgos los criterios extrafinancieros o ASG. Hay diferentes estrategias para incorporar el análisis ASG a la inversión, en lo que llamamos Inversión Socialmente Responsable (ISR). Una inicial, que es la exclusión de activos que no concuerden con el ideario del fondo, otra más avanzada que es la integración del análisis extrafinanciero junto al financiero, y una tercera que es la implicación para cambiar conductas en los emisores de activos. Todo esto se puede realizar de forma gradual, de manera que se vayan acompasando los medios disponibles a los resultados que se van obteniendo y a la experiencia que se genera.

    La ISR básicamente se aplica en un escrutinio (screening) del portafolio, de forma que los emisores de los activos (y los propios activos) en tenencia cumplan con los principios del fondo de pensiones (que se deben explicitar en la declaración de política de inversiones), por una parte, y en la inversión en activos sostenibles (inversión temática) o con impactos medibles (inversión de impacto), como huella de carbono, potencia en instalaciones renovables, número de personas favorecidas por microcréditos, áreas de extensión agrícola sostenible, etc. Va a ser muy relevante también la inversión en la eficiencia energética en edificios, uno de los principales causantes globales de emisiones.

    Un referente global de la inversión sostenible son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas1, que se ha convertido en una estrategia de focalizar las inversiones en empresas e instituciones que total o parcialmente promuevan alguno o algunos de estos ODS. Normalmente estas entidades informan en sus memorias de cuáles son los ODS y las métricas del impacto de su actuación en esos terrenos.

    La ISR no es invertir una parte del portafolio en activos sostenibles, sino un proceso de análisis y ejecución global del portafolio, incluyendo las inversiones indirectas, en fondos mutuos, por ejemplo, a través de procesos de look-through (o desempaquetamiento del fondo) o de diálogo con los gestores para confirmar la aplicación por su parte de políticas de ISR concordantes con la del fondo de pensiones.

    Buena parte de los activos vinculados a la ISR son activos ilíquidos, y en general, alternativos. Esto, que es un obstáculo para otro tipo de inversores, no lo es para los fondos de pensiones, que tienen el foco en el largo plazo. Esto es lo que les permite también invertir en activos que no son populares, como explica el Prof. Ibbotson de Yale, es decir, que tienen una serie de características que les confieren una mayor rentabilidad sostenida en el tiempo. Los famosos endowments de las grandes universidades estadounidenses muestran la potencia de la inversión alternativa en el largo plazo.

    Pues bien, lo que se trata es de conjugar esta inversión alternativa con inversión sostenible, de forma que los fondos de pensiones puedan invertir a largo plazo en activos sostenibles sin necesidad de estar sometidos a los rigores de mercado de corto plazo. Con una adecuada política de inversiones, que se depura en el tiempo, y siguiendo metodologías ya contrastadas (entre las que se encuentran las derivadas del seguimiento de los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas o la taxonomía de ODS invertibles propugnada por los grandes gestores de activos holandeses, como PGGM y AGP, con su modelo multidimensional), podremos conseguir que los fondos de pensiones sean los auténticos agentes del cambio hacia una economía sostenible en el largo plazo.

    [1] Para mayor información, ver https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

     

    Autor: Diego Valero

    Doctor en Economía y Actuario
    Profesor de la Universidad de Barcelona
    Director Académico del London School of Economics- Global Pensions Programme
    Presidente de Novaster
    CEO de BeWay
    Consultor e investigador en pensiones, economía del comportamiento e inversiones socialmente responsables.
    Consejero independiente, miembro de varios consejos asesores y académicos en instituciones de varios países.

     

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