Materias primas, Desarrollo y Geopolítica

Macarena Gutiérrez

    Autora: Macarena Gutiérrez

    Me gustaría que en un sencillo ejercicio su imaginación volara a los años 50. Una década marcada por el inicio de recuperación tras la II Guerra Mundial, la polarización del planeta en dos ejes esencialmente socioeconómicos o por la figura de Robert Schuman, padre de la Unión Europea. Años en los que el consumo de televisores o radios, de vehículos, del auge del transporte, del turismo o la construcción, en definitiva, la demanda de bienes y servicios por parte de una emergente clase media, creció de forma exponencial.

    Desde entonces y hasta ahora, el volumen del comercio mundial ha aumentado 40 veces, lo que nos lleva a pensar en la importancia del transporte marítimo mundial, que también se ha casi triplicado entre 1995 y 2020, creciendo de 4.000 millones de toneladas a 11.000. Tendencias todas parecidas en el mismo periodo donde los principales metales como el acero y el cobre han multiplicado por dos su consumo y el aluminio que casi ha cuadriplicado su uso a nivel mundial. Y por último la energía eléctrica que ha visto duplicar su consumo en los últimos 20 años.

    En definitiva, nuestros padres y ahora nosotros somos testigos de un cambio en la generación de riqueza, que tiene como trasfondo una incesante actividad productiva basada en el consumo de materias primas para aportar los recursos necesarios para una mejor calidad de vida; un todo relacionado con un detalle importante: el PIB per cápita mundial se ha duplicado desde el año 1995. Es decir, a mayores posibilidades económicas, más demanda y mayor oferta.

    Todas estas cuestiones apuntan directamente a la globalización de una economía que sin duda ha traído aspectos positivos como los mencionados, pero, por otro lado, también se ha mostrado vulnerable ante los efectos de las crisis, quedando de manifiesto que lo que pasa en alguna parte del mundo afecta inmediatamente en el resto. Así la publicación de un dato económico negativo o hasta un simple tuit o declaración en China o Estado Unidos repercute inmediatamente en el resto de las economías del planeta. O, por ejemplo, algo mucho más tangible, el 'atasco' provocado por el Covid en el puerto de Shanghái, uno de los más importantes de Asia, puede paralizar las cadenas de suministros a escala mundial.

    El Covid provocó un shock en la demanda, con una caída del PIB mundial de un 3,3% en el 2020 que a su vez provocó un shock en la oferta, primero por el parón en las inversiones productivas tanto minerales y extractivas como productivas y de transporte, así como de los servicios. En el 2021 y gracias a los estímulos que todos los gobiernos pusieron en marcha se pudo apreciar una rápida recuperación de la demanda y la economía hasta un 6,1%. Sin embargo, la oferta no ha acompañado este ritmo, en parte por las incertidumbres globales, que siempre ralentizan las inversiones, el impacto todavía de cola de la pandemia y el atasco mundial en el transporte marítimo. Este desbalance de oferta y demanda, así como la guerra de Ucrania, está provocando un incremento de los precios de las materias primas básicas y energéticas que, a su vez, están teniendo un impacto importante en la inflación de bienes de consumo y alimentación, lo que está complicando y mucho la gestión de los Bancos Centrales en su política monetaria para controlar la inflación.

    Me atrevería a decir que, quizá, hemos minusvalorado el impacto de la geopolítica en el desarrollo global y su repercusión sobre la producción y comercialización de las materias primas. Y es que la pandemia, por un lado, y, hoy, la guerra de Ucrania, nos han vuelto a colocar una suerte de gafas de realidad aumentada para apreciar de forma detallada la importancia de las materias primas en un contexto mundial.

    En este sentido, quiero detenerme en la combinación de globalización, crecimiento y sostenibilidad. Porque este triángulo constituye, a mi juicio, un driver general del mundo de las materias primas. Y hago una reseña para el cobre, uno de los metales más demandados a escala mundial convertido en un material esencial para la consecución de estos objetivos, y que ha estado, está y estará presente junto a otros metales en tres tendencias globales: el crecimiento demográfico y urbanización, la transición energética y la electrificación.

    La población mundial ha crecido desde 1950 más que en toda la historia de la humanidad hasta los 7.800 millones de personas en 2021 y se estima que para el 2040 se alcancen los 9.200 millones, a la vez que se produce el desplazamiento de millones de personas a las grandes ciudades, donde se estima que un 64% de la población mundial vivirá en el 2040. Este crecimiento tanto en número de personas como en nivel de bienestar implicará un mayor consumo de materias primas.

    La transición energética también tendrá su impacto en el consumo de materiales. Según la AIE, la generación mundial de energía se incrementará 14.000 TWh/año hasta alcanzar los 40.000 en 2040 y el 70% de este crecimiento vendrá de fuentes renovables. También existe un consenso cada vez mayor de que la producción de vehículos eléctricos crecerá exponencialmente en gran medida impulsada por los incentivos y regulaciones gubernamentales. Para 2040, el stock mundial de vehículos eléctricos será de 460 millones en comparación con solo 5 millones en 2018.

    Teniendo en cuenta todo lo anterior, Wood Mackenzie estima que para el año 2040 la demanda global de cobre alcanzará 46 millones de toneladas lo que supondrá un crecimiento de un 50% con respecto a 2022 y la de aluminio un 25% llegando a los 80 millones de toneladas.

    En definitiva, la primera conclusión es que los metales son esenciales para satisfacer las necesidades derivadas de las tendencias globales que prevalecerán en las próximas décadas y, por tanto, el driver de la demanda de los mismos es claramente creciente.

    Pero ¿cuáles van a ser los drivers de la oferta? En vista a la creciente demanda de recursos debemos analizar cómo ha respondido la oferta y cuáles son los grandes retos de futuro para abastecer el incremento del consumo de materias primas. Si nos centramos en el análisis energético de Europa, clave para nuestro desarrollo social y económico, cerca del 70% del mix energético del continente proviene de combustibles fósiles de los cuales la gran mayoría se importan, siendo un 35% de importaciones de petróleo y un 24% de gas de las que Rusia representa un 30% y un 40%, respectivamente. Estos datos nos ilustran no solo la dependencia exterior, sino también las implicaciones geopolíticas de la dependencia energética de terceros, como Rusia, Iraq, Nigeria y Argelia.

    Precisamente, la estrategia de la UE es romper con esa dependencia exterior apostando por la eficiencia energética y la transición energética hacia la electrificación de los procesos y apostando por un mix eléctrico con las renovables como punta de lanza y el hidrógeno como sustituto de los combustibles fósiles. Esto propiciará, por otro lado, el cumplimiento de los objetivos de descarbonización del sistema energético de la UE propuestos en el Green Deal. Y en este escenario, el uso de metales como acero, aluminio, cobre, plata, platino, oro, paladio o cinc será relevante para construir sistemas de energía interconectados y redes mejor integradas para apoyar las fuentes de energía renovables; promover las tecnologías innovadoras y las infraestructuras modernas; impulsar la eficiencia energética; descarbonizar el sector del gas y fomentar la integración inteligente en todos los sectores y desarrollar todo el potencial de la energía eólica marina en Europa.

    Europa es consciente de los enormes retos que se avecinan, como los desafíos de suministro, de regulación o comerciales. De ahí que la creación de la Alianza Europea de Materias Primas (ERMA) en 2021 sea el primer paso para garantizar un acceso fiable, seguro y sostenible a las materias primas como facilitadores clave para una Europa globalmente competitiva, verde y digital. Y desde aquí quiero compartir uno de sus objetivos principales: aumentar la resiliencia de la UE en la cadena de valor de los imanes y motores de tierras raras, vitales para los ecosistemas industriales clave de la UE, como el automóvil, las energías renovables, la defensa y la industria. China alberga la mayor parte de las reservas mundiales de estos componentes. La producción mundial de óxidos de tierras raras (REO, en sus siglas inglesas) es del orden de 160.000 t/año de las que el 95% proceden del gigante asiático.

    Por lo tanto, vemos que las materias primas están ligadas al desarrollo sostenible y son, a su vez, driver de las tensiones geopolíticas que vivimos en el presente. De este modo, nos encontramos en la tormenta perfecta donde las tensiones de largo plazo, principalmente basadas en los retos de oferta de materias primas, se han visto exacerbadas por la coyuntura actual del viento de cola del COVID, la guerra de Ucrania o la compra agresiva de materias primas críticas que viene desarrollando China desde hace más de un lustro. Precisamente, la inestabilidad geopolítica se cita como el principal riesgo para el crecimiento económico, según la última Encuesta Global McKinsey sobre las condiciones económicas (2022).

    Hoy, Europa debe hacer frente a estos desafíos mirándose al espejo y preguntándose si quiere mantener esta dependencia, una dependencia que se salva apostando firmemente por la innovación, el uso eficiente de los recursos (Economía Circular) y la identificación de las reservas europeas de materias primas y el desarrollo de una minería sostenible.

    Autora: 

    Macarena Gutiérrez es Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales y Master en Dirección de Empresas por el IESE (2001). En 1992, comienza su carrera profesional en Arthur Andersen (Deloitte) en Madrid, donde desarrolla trabajos de auditoría principalmente en empresas del sector industrial y de servicios.

    En 1997 se incorpora a Atlantic Copper en la Dirección de Planificación Financiera. Desde entonces ha desarrollado su carrera en varios departamentos ligados al área financiera. En marzo de 2005 es nombrada Directora General Económico-Financiera de Atlantic Copper y miembro de Comité de Dirección. Tiene a su cargo también la Dirección de Sistemas de Información y Comunicación Corporativa. Así mismo forma además parte del Patronato de la Fundación Atlantic Copper desde su puesta en marcha en 2009 y ha sido nombrada vicepresidenta de esta en 2021.

    Es miembro de los Comités de Comunicación de varias instituciones europeas: Eurometaux (Asociación Europea de Metales) y ECI (European Copper Institute) y representa a Atlantic Copper en ambas. Ha sido miembro de la Comisión Ejecutiva del del Real Instituto Elcano durante 15 años.

    Desde 2012 forma parte del Consejo de Administración y del Comité Financiero de Womenalia, primera red social global de mujeres profesionales. La empresa está en fase de expansión internacional.

    Casada y madre de 3 hijas.

     

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