Las finanzas sostenibles, una forma inteligente de mejorar el análisis financiero

Jose Luis Blasco

    Autor: Jose Luis Blasco 

    Bajo diferentes nombres, 1 cada 4 USD de la inversión gestionada1 en los Estados Unidos, incluye algún tipo de criterio ESG -environment, social and governance-. Repartidos entre renta fija y equity, casi en partes iguales, en los dos últimos años, las denominadas finanzas sostenibles han crecido en Europa un 60%, según datos de Eurosif2.

    El primer ETF ESG3 tuvo su lanzamiento en 2005. Según Morningstar, el número de fondos de inversión ESG aumentó casi un 50% en el último año, llegando a una gestión de activos totales de US$ 161 mil millones en 2018. Blackrock estima que la inversión en fondos ESG aumentará por encima de los US$ 400 mil millones en los próximos diez años.

    Aunque el nivel de sofisticación de estos productos es todavía bajo, la demanda parece haberse activado y los principales gestores se apresuran a diseñar nuevos productos bajo este paraguas, buscando atraer a institucionales, milenials y fondos de pensiones principalmente.

    Entre los diferentes assets classes, destacan por volumen, los fondos sostenibles que integran criterios ESG, los bonos verdes y los RCF -revolving credit facility- ligados a mejoras en calificaciones sostenibles o reducciones de emisiones. Un reciente estudio indicaba que el 91% de los Private Equity globales tiene políticas ESG implementadas o en desarrollo. Y de ellas el 78% está desarrollando estrategias para rastrear, evaluar y reportar inversión responsable4.

    El plan de finanzas sostenibles de la Unión Europea

    En la primavera del año pasado la Comisión Europea lanzó un paquete de medidas sin precedentes, con el objetivo de orientar flujos de inversión hacia la reconversión sostenible.

    Se trataba principalmente de definir una caja de herramientas que permitiese poder identificar riesgos y oportunidades derivadas de la transición sostenible. Iniciativas que deben ser útiles principalmente a los instrumentos de inversión y sus partícipes, pero también a los supervisores, en la medida que el riesgo de no evaluar estos impactos podría tener en la solvencia de las entidades.

    Un año después podemos decir que, pese a las importantes dificultades encontradas, los avances en la agenda de finanzas sostenibles de la UE han sido notables.

    Hablamos de ESG, fondos sostenibles, etc. pero el foco principal está en el clima

    El concepto sostenible cuenta ya con más de treinta años, sin embargo ha sido en 2015 tras la aprobación de la agenda global de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) y el Acuerdo de Paris, cuando la urgencia y la necesidad se han unido para considerar una agenda común del desarrollo. Curiosamente en una etapa de la historia, aparentemente no muy favorable para el multilateralismo.

    El liderazgo de la Unión Europa en relación al cambio climático es claro desde hace más de una década. Una ambición para la que la inversión procedente de arcas públicas no será suficiente.

    La Comisión calcula que solo para alcanzar los objetivos de la UE para 2030 acordados en París -incluido un recorte del 40% en las emisiones de gases de efecto invernadero- tenemos que cubrir una inversión adicional estimada en EUR€ 180 mil millones al año. Y por si fuera poco, sobre estos objetivos, el pasado mes de noviembre la Comisión Europea anunció su estrategia de neutralidad para el año 2050.

    Esta consideración prioritaria en la agenda, ha reforzado la idea de la necesidad de una mayor implicación del sector financiero como parte de la solución. Sin embargo, para atender los objetivos que se pretenden, la necesidad de fondos es de tal magnitud que ni el enfoque actual de los vehículos de inversión ESG, ni sus ritmos actuales de crecimiento -tal y como la entendemos hoy- serían suficientes.

    Principales asuntos en la agenda de las finanzas europeas

    Aunque la agenda sostenible es más amplia, los planes iniciales de la Dirección General de estabilidad financiera, servicios financieros y mercados de capitales, se han orientado en lograr un salto cualitativo en el volumen de inversión hacia la mitigación y adaptación al cambio climático.

    En primer lugar, promoviendo la definición de una taxonomía5 de actividades que se consideren por los intervinientes en el mercado, aportan soluciones en la transición hacia una economía baja en carbono. Un listado de actividades que permitan orientar la inversión en esta dirección y realizar un seguimiento de volúmenes y destino de la misma.

    La idea subyacente de esta medida -la estrella realmente del proceso- es buscar una regla sencilla para articular transparencia e incentivos, a cambio de -por ejemplo- la relajación en las reglas de requerimientos de capital para este tipo de crédito. Lo que se ha venido a denominar “green supporting factor”.

    Para llevar esta ambición a la práctica el Parlamento Europeo ha aprobado ya en primera lectura6 un texto que permite el desarrollo de una taxonomía de actividades de referencia europea, circunscrito a reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y cuyo uso será voluntario.

    Complementariamente a este mecanismo, la Comisión ha impulsado dos propuestas y una comunicación adicionales para desarrollar benchmarks de productos de inversión elaborados con estos criterios, un estándar para la emisión de bonos verdes y una guía para ayudar a las compañías a reportar sobre el impacto que puede tener el cambio climático en las finanzas de las compañías, así como la contribución de las compañías al calentamiento global.

    Un paquete normativo ambicioso, que ha despertado un interés dentro y fuera de la UE, en este acelerado fin de la legislatura. Sin embargo, será misión de la nueva cámara y del nuevo colegio de Comisarios, retomar este impulso de la mano de la presidencia finlandesa durante el segundo semestre de este año.

    Los reguladores en la misma línea

    De la misma forma que la Comisión Europea trabaja en la canalización de la inversión privada hacia las prioridades de la transición sostenible, los reguladores ven la necesidad de incorporar criterios ESG a la supervisión.

    Velando por la seguridad y la solidez del sistema financiero, los bancos centrales7 han puesto un foco especial en el clima, proponiendo su incorporación a los procesos de supervisión de los riesgos financieros, así como mejorar la resiliencia del sistema financiero al respaldar una transición ordenada del mercado hacia una economía baja en carbono.

    De la misma forma, vemos trabajar a otros organismos supervisores como EIOPA, el Financial Stability Board, ESMA o IFRS, en diferentes iniciativas para incluir el clima en la ecuación de la valoración del riesgo y de las empresas.

    Una moda o una disrupción en las valoraciones y el análisis

    Como en todas las profesiones, el analista financiero se encuentra en transformación. Entre ellas, el cambio en los ingredientes del valor. Los factores relacionados con el comportamiento ambiental, social y menos el relacionado con el gobierno corporativo, no son sencillos de integrar en los actuales modelos de valoración.

    Desde hace más de dos décadas se viene analizando cómo las empresas con mejores estándares ambientales, sociales y de gobierno generalmente tienen un desempeño financiero más sólido y superan a sus pares8.

    Sin embargo, pese a la evidencia, la distancia entre el mundo del análisis financiero y no financiero, es todavía grande. Los métodos de monetización de los factores no financieros son un saber todavía en desarrollo, que se alimenta de información todavía imprecisa y de modelos de evaluación de riesgos demasiado cualitativos.

    Sigue sorprendiendo a los gestores y analistas tradicionales como el rendimiento de los productos que se diseñan como sostenibles baten sus benchmarks9. La inclusión de este tipo de factores en el análisis, mejorar su calidad disminuyendo la volatilidad y desarrollando nuevas oportunidades para desarrollar nuevos productos, puede ser atractivo para públicos cada vez más interesados en poner sus ahorros a trabajar en la dirección que piensan.

    En los próximos meses veremos propuestas de modificación de MiFID II10 en la que se prevén exigencias a las empresas de inversión que identifiquen las preferencias de ESG de los clientes en los test de idoneidad de los productos.

    Aunque desde el punto de vista metodológico continuará el debate, desde el punto de vista de la oportunidad, del mercado o la regulación, los aspectos ESG parecen que han venido para quedarse en el sector financiero.

    No podemos hablar de ESG como una moda -y por otro lado seguramente nos costará encontrar la disrupción que le auguran algunos- pero lo que es seguro es que se trata de una señal de evolución. Una aproximación de los actores del mercado que consideran los aspectos no financieros que recoge la actual ESG, son una forma inteligente y práctica de introducir en sus análisis un proxy que les permite valorar el activo más importante que tiene una empresa hoy, que es la confianza.

     

    [1] https://www.ussif.org/files/2018%20_Trends_OnePager_Overview(2).pdf

    [2] http://www.eurosif.org/2018sristudylaunch/

    [3] -iShares MSCI USA ESG Select ETF –

    [4] PwC's Private Equity Responsible Investment Survey 2019

    [5] https://ec.europa.eu/info/business-economy-euro/banking-and-finance/sustainable-finance_en

    [6] https://www.ipe.com/news/esg/european-parliament-agrees-stance-on-sustainability-taxonomy/www.ipe.com/news/esg/european-parliament-agrees-stance-on-sustainability-taxonomy/10030344.fullarticle

    [7] Central Banks Are the World's Newest Climate Change Activists – Fortune 25/04/19

    [8] Companies with strong ESG scores outperform, study finds – Financial Times 12/08/18

    [9] Meta análisis realizado por Clark, G.L., Feiner, A. & Viehs, M., ‘From the Stockholder to the Stakeholder: How Sustainability Can Drive Financial Outperformance’, 5 March 2015. SSRN https://ssrn.com/abstract=2508281

    [10] Rules on mandatory ESG integration proposed for advice, Money Marketing 7/01/19 The European Securities and Markets Authority (ESMA) ha realizado también consultas relacionadas.

     

    Autor: Jose Luis Blasco 

    Representante del IEAF en la Comisión de ESG de EFFAS, miembro del Technical Experts Group on Sustainable Finance de la UE y Director Globlal de sostenibilidad de Acciona.

    José Luis es licenciado en Química por la Universidad Complutense de Madrid y tiene un MBA del IE (Instituto de Empresa) y cuenta con más de 20 años de experiencia en gestión, desarrollo y revisión independiente de responsabilidades empresariales.

    José Luis se incorporó a ACCIONA a comienzos de 2019 como Director Global de Sostenibilidad. Además, es miembro del Grupo de Expertos en finanzas sostenibles de la Comisión Europea.

    Anteriormente, durante su extensa carrera ha ocupado cargos de responsabilidad en diferentes empresas. El más reciente en KPMG donde ingresa en 2003 para dirigir el departamento de sostenibilidad en España y dónde fue responsable de los departamentos de Gobierno, Riesgos y Cumplimiento, hasta ser elegido Responsable mundial de esta disciplina. Anteriormente, fue Director en el Departamento Central de la Cruz Roja, Auditor Interno del National Westminster Bank y Director en las Fundaciones NatWest España, Teneo y Entorno.

    José Luis combina su trabajo profesional con la enseñanza en diferentes universidades y escuelas de negocios.

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